Me lo hago fácil

Ángel Dehesa Christlieb

Mucho que contar.

Como dijo el descuartizador… vamos por partes.

¿Recuerdan la columna de ayer, donde les describí con mucha ilusión que vería a Rush y expresé mi admiración por la mano derecha de Geddy Lee y todo lo que podía hacer con ella en las cuerdas del bajo?

La mano derecha, al parecer, está bien.

Con lo que no contaba era con sus cuerdas vocales y con sus pulmones, los cuales, al parecer, se resintieron y, tres horas antes del concierto, cuando mi primo y yo ya habíamos manejado una hora para llegar a Fort Worth y degustábamos unos deliciosos sándwiches de carne estilo BBQ, de esos que sientes que te tapan las arterias, pero no te importa, vimos un mensaje en nuestros celulares, en los que, de la nada, se cambiaba la fecha del boleto virtual de ayer, 30 de junio, al 11 del mes en curso.

Una rápida búsqueda en Google confirmó la debacle, Geddy Lee tenía laringitis y bronquitis y párenle de contar.

Mientras el restaurante se llenaba de parroquianos con playeras de Rush en edad más bien otoñal, nosotros intentábamos ponerle buena cara al mal tiempo, porque ni yo, ni mi primo, quien se va de vacaciones la semana que viene y no me quiere dejar las llaves de su casa (qué desconsiderado), podremos asistir a la nueva fecha.

Eso me saco por tener ídolos con credencial del INAPAM.

Después de un intento infructuoso de arengar a los comensales para averiguar dónde se estaban quedando los de Rush, con el fin de irles a cantar, así como los connacionales lo hicieron con los ecuatorianos (cosa muy corriente, por cierto), decidimos emprender el regreso para pasar por el súper, adquirir todo tipo de bebidas espirituosas y latas de Wolf Brand Chili Beans (mi gusto culposo) y ver el juego de México.

Y llegaron los mocos.

Ya desde el día anterior, con la desmañanada y los aires acondicionados, mi cuerpo me había comenzado a avisar que no estaba del todo bien, pero, quizá la euforia de ver a mi grupo soñado había mantenido el catarro en calma.

No más.

Poco a poco sentía como la nariz se iba obstruyendo, los ojos lagrimeaban y comencé a hablar como “Caditos” de los “Rugrats”, todo mientras mi primo, que manejaba su potente híbrido por las carreteras de Texas, se alejaba de mí para que no lo contagiara.

De las bebidas espirituosas, me consumí un jarabito y unas pastillas de ibuprofeno, mientras veíamos a la selección que, esos sí, jugaron muy bien ante un equipo de Ecuador que salió apabullado desde el principio y que, con el gol tempranero de México, ya no supo reaccionar.

Enhorabuena para Javier Aguirre, el cual, las pocas veces que hemos podido convivir, siempre ha sido amable y generoso conmigo y ha navegado ese mar de grillas, intereses y ambiciones extra-futbol que se hace llamar FMF.

Felicidades a los jugadores que, por fin, se están creyendo que le pueden competir a cualquiera y, ahora sí, tiran a portería y se disputan la responsabilidad de cargarse al equipo al hombro, cuando, en ediciones anteriores, llegaban al área y se hacían bolas viendo a quién le pasaban el balón, con tal de no ser ellos los que tiraran.

Vamos a ver si Congo o Inglaterra no acaban con el sueño, pero, por lo pronto sigamos con él “y si sí”, a ver hasta dónde nos lleva.

Hablando de eso…

Las “celebraciones” en el Ángel dejaron tres personas muertas por asfixia.

Señora Brugada…

La de malas ¿verdad?

Digo, no podía saberse ¿no?

No le bastó ver lo que pasó en juegos anteriores, en los que nomás bastaba ver la televisión, como se empujaban y se arremolinaban, incluso con menores de edad para pensar que, quizá valdría la pena cambiar la estrategia y, en lugar de animar a la gente a venir, decirles que fueran responsables y pensaran las cosas dos veces.

Ya sé, es muy probable que la gente no hiciera caso y, en una de esas, hasta le dejan de aplaudir, que es lo que a usted le gusta y para lo que piensa que gobierna, pero, mínimo, tocaba intentarlo.

He estado en varios de los puntos donde hay pantallas y se reúne la gente y, lo que yo he visto, es una seguridad nula, donde existe la posibilidad de meter hasta una bazooka, además de servicios médicos insuficientes y mal señalizados.

Si alguien ha experimentado lo contrario, por favor déjenlo en los comentarios.

Doña Clara y demás empleados que cobran del erario…

¿Y si, basados en lo que ya habían visto anteriormente, hubieran implementado operativos eficientes para poder evitar esto?

¿Y si, aunque les baje la popularidad hicieran lo posible por no alentar a la gente a quedarse toda la noche quitándoles los mariachis y la fiesta a cierta hora para que se vayan?

¿Y si, en lugar de gastarse la lana en ajolotitos virtuales, pintura morada, batucadas interminables y fuegos artificiales hubieran implementado estrategias más eficientes?

Repito, es una responsabilidad compartida, en cada uno de nosotros está cuidarnos y usar el sentido común, pero, en materia de prevención y protocolos, que no es lo mismo que pantallas y mariachis, su trabajo deja mucho que desear y su mal desempeño ya contribuyó a que se perdieran vidas.

¿Quién responde por ello?

Los mocos están más controlados, pero siguen.

Feliz cumpleaños papá.

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