Ángel Dehesa
Instalado estoy en una mesa de mi cervecería de confianza, el Doble Malta, en Parroquia y Patricio Sánz en la Colonia del Valle, en donde, por cierto, me pueden encontrar cada sábado de 6 de la tarde a 1 de la mañana, poniendo música de exquisita manufactura y conviviendo con la clientela.
Ya sé, ya sé, además de que les receto un párrafo de comercial, estoy contraviniendo las órdenes directas de nuestra madrecita, Clarita, la mujer del pueblo, quien, cual si fuéramos la Muñeca Fea, nos conminó a escondernos por los rincones, temerosa de que los turistas no vayan a poder ver los ajolotes, el morado de las bardas y los candelabros del metro Hidalgo si nosotros, los chilangos de a pie, les estorbamos.
Clarita, lo siento, ayer cometí el error de avisarle a mi sobrino, quien manda en mi corazón y en mi tiempo, que le había comprado unos sobres de estampas del álbum Panini, las cuales, en estos momentos, tienen un valor por demanda comparado al bitcoin en sus mejores tiempos.
Esto, aunado a tu decisión (acertada) de suspender las clases, derivó en que, hoy en la mañana, más o menos desde las siete, mi teléfono comenzara a recibir mensajes ininterrumpidos de mi hermana Mariana, madre del infante, los cuales rezaban: “que dice mi patroncito que a qué hora llegan sus estampas”.
Confiésote Clarita que resistí hasta más o menos las 10 de la mañana, pensando en que, como tú nos dijiste, el bienestar de mi ciudad depende de mi enclaustramiento y el de mis vecinos, pero el asalto digital se volvió insostenible, por lo que, cual traidor a la patria, abandoné mi domicilio para entregar la mercancía, la cual llevaba en un portafolio esposado a mi muñeca, que solo podía ser abierto con la huella retinal de mi sobrino.
Hablando de huellas retinales y datos biométricos, me gustaría hacer aquí un paréntesis Clarita y Claudita, nomás como una curiosidad que me despertó un video de mi querida Ingrid Motta (IG. @IngridMotta) …
¿Qué va a ocurrir con todo el software de reconocimiento facial y los datos biométricos que se están recabando, sin nuestro permiso, en los estadios y las calles aledañas a ellos?
¿Las empresas que instalaron todos esos equipos se los van a llevar, o se los van a dejar de regalito a ustedes, que tan confiables se han mostrado para proteger nuestros datos personales o, en una de esas, nos enteraremos de que ya se los vendieron a alguna empresa sin que ustedes se enteraran?
Ahí les encargo la respuesta y cierro paréntesis.
Llegué al domicilio del infante, quien salió escoltado por su madre y unos perros robots K9, como los que patrullan el Estadio AzteNorteCiudaddeMéxico.
Una vez cumplido el protocolo de seguridad, Santiago recogió sus estampas y se puso a intercambiarlas con sus vecinitos, cada uno con el revólver en la mesa para evitar tentaciones.
Le pregunté a Mariana si me había hecho de desayunar y me dijo “claro, bájate del coche y puedes escoger entre huevos aporreados o pellizcadas de ídem”.
No me dio buena espina el menú y sentí que había un significado oculto en sus palabras, por lo que opté por abandonar el lugar y buscar sustento en otro lado.
Por eso terminé aquí, en donde veo la ceremonia de inauguración la cual, si descartamos el predecible y choteado baile prehispánico, además del discurso de Lila Downs, que, como siempre, solo se ocupa de una parte de la riquísima historia de nuestro país dejando fuera a nuestras otras dos raíces, la verdad, sí me gustó.
Dos preguntas nomás para la FIFA:
¿Solo Shakira puede interpretar canciones para sus mundiales? ¿No hay otros músicos en el mundo?
Dado que todos los mexicanos pagamos de nuestros impuestos sus modificaciones, viáticos y exigencias para poder traer el mundial aquí ¿por qué tenemos que pagarles derechos de transmisión, si ya nos cobraron con creces su fiestecita?
Bueno, los dejo porque ya llegaron mis chilaquiles… ojalá gane la Selección Mexicana porque que gane México… lo veo difícil.

