Ángel Dehesa Christlieb
Sí, lo admito, tuve viernes social y es la hora en la que, después de ver la masacre de los guaraníes a manos de la selección estadounidense, me voy a poner a escribir para cerrar esta semana, en la cual, si tuviéramos un gobierno medianamente competente, estaríamos idiotizados con el futbol y, aunque fuera por mes y medio, nos olvidaríamos de nuestras múltiples cuitas nacionales.
Estarán de acuerdo conmigo en que, siendo México un país tan enajenado por el “juego del hombre”, se necesita que los gobernantes hagan las cosas realmente mal para que, en el tercer mundial que recibe nuestro país, la gente no se ocupara de otra cosa que no fuera el resultado de los partidos, las ocurrencias de los cómicos (nadie como Andrés Bustamante) o los sesudos análisis de por qué Curazao perdió con Alemania o Cabo Verde con España, los cuales requieren, sin duda, de los conocimientos de un experto.
Nunca dejará de sorprenderme la capacidad que tienen la 4T y sus representantes para ser, cada día, más miserables y ni lo disfruto, ni me alegro de que así sea, porque la mezquindad de los gobernantes se traduce en el desamparo de sus gobernados.
Si no me creen, pregúntenle a nuestra secretaria de gobernación, la cual tuvo las gónadas (las hay masculinas y femeninas), de salir ayer, con cara de indignación y con actitud de “a mí nadie me engaña” a decirnos en la “Mañanera del pueblo” que ella “tiene información” sobre los “apoyos económicos” que, según ella, reciben las Madres buscadoras de Jalisco que tuvieron la osadía, la desfachatez y el descaro de venir a exigirle a ella, a su patroncita y a los otros inútiles encargados de protegernos que hagan su trabajo.
Señora Rosa Icela, según leo, usted tiene dos hijos, lo cual me demuestra que, aun siendo progenitora, se puede carecer de la misma, porque no encuentro otra explicación para que la persona a la cual se le paga (usted es nuestra empleada, no la de AMLO, no la de Claudia, no la de MORENA) por ocuparse de la seguridad del país, se atreva a decirle a una madre que perdió a sus hijos, hijos a los que ustedes tienen la responsabilidad de cuidar, que, en lugar de hacer su trabajo y darles respuestas, su prioridad es ver quién le paga los boletos de autobús.
¿En serio?
¿Ustedes, los reyes del acarreo, los que retacan el Zócalo con cargo al erario cada vez que la presidenta llora y llora y mueve sus manitas y solo se contenta recibiendo porras?
¿En serio nos quiere vender la idea de que un grupo de mujeres que perdieron a sus hijos se dejan manipular por quién sabe qué fuerzas oscuras, con el propósito de desestabilizar el paraíso que hoy es México gracias a ustedes?
Suponiendo que alguien “financiara” a las Madres buscadoras ¿por qué es eso un delito?
No fueran ustedes pagándole a youtubers y periodistas a modo con nuestro dinero, o usando a los padres de los 43 de Ayotzinapa cuando así les convino, o mandando a Andy a Chihuahua a hacer berrinche cuando no dejan pasar a sus acarreados y lo ven feo.
De una vez le ahorro parte de su trabajo de “Anacleta, Agenta Secreta”, si yo pudiera donarle a las Madres buscadoras lo haría, y me atrevo a decir que muchos de mis lectores y lectoras harían lo mismo.
Ni a usted, ni a la presidenta, ni a su patrón el de Palenque les importa, ni le debe importar, si las Madres buscadoras vienen en coche, avión o triciclo.
Es más, como dice Molotov, “no es que no les importe, sino que les vale madres”.
¿Quiere que las madres buscadoras dejen de marchar y ya no les arruinen su imagen de paraíso terrenal?
Haga su trabajo, deles respuestas acerca de sus hijos desaparecidos o, mejor aún, ocúpese de que las personas dejen de desaparecer en México y deje de usar nuestros recursos para amedrentarnos o negarnos nuestro derecho a la libertad de expresión y asociación.
Si ustedes, todos ustedes, hacen eso y se disculpan públicamente con las Madres buscadoras y con todos los mexicanos, entonces nosotros podemos dedicarnos a ver el futbol, mientras tanto, vamos a seguirles recordando cada día todo lo que nos han quedado a deber y, sobre todo, el hecho incontestable de que ni usted, ni ningún funcionario público tienen derecho a amenazarnos y, mucho menos, a juzgar los motivos de quienes, únicamente; venimos a recordarles cuáles son sus obligaciones.
Aunque les arda.
Buen fin de semana, hoy toca, a todos, menos a la secretaria de gobernación.
A ella solo le toca ponerse a trabajar.

