Ángel Dehesa Christlieb
“Monín”, dijo mi tía Margarita… “ya se murió tu papá”.
Ya 16 años.
Mi papá llevaba varios meses en un declive físico e intelectual cada vez más notorio, los muchos años de descuido voluntario de su cuerpo, de su corazón y de sus emociones, habían comenzado a pasarle una factura que, tal y como los intereses de una tarjeta de crédito a la que le abonas lo mínimo, crecieron hasta volverse impagables.
Digo lo mínimo porque, la verdad, nunca hizo lo que tenía que haber hecho para mejorar su condición, digamos que, cada vez que terminaba refundido en un cuarto de hospital, por la razón que fuera (y fueron muchas), hacía lo estrictamente necesario para salir del paso.
La rutina era la misma y la viví una y otra vez, se ponía a “negociar” con sus médicos como si de ellos dependiera el mantenerse sano, o como si le pidieran que dejara de fumar por molestarlo, pagaba cantidades estúpidas de dinero y se iba a donde fuera y con quien fuera que estuviera viviendo en ese entonces.
En cuanto pisaba su casa, volvía a hacer lo mismo que lo había llevado al hospital y, los que estábamos cerca de él, que lo queríamos y nos preocupábamos, ya no sentíamos lo duro, sino lo tupido.
Cada visita al nosocomio o caída en cama afectaba nuestras vidas, que se detenían para ocuparnos de él, quien, además, no era una buena persona cuando se enfermaba y, mucho menos, le importaban o valoraba los esfuerzos que todos hacíamos para ayudarlo a salir adelante.
Sueno enojado, dirán que “no está bien hablar mal de los muertos” o que “honrarás a tus padres”.
Me vale, enojado sí estoy y me siento con pleno derecho a ello, tampoco creo que “hablar bien” signifique negar la verdad y prefiero “honrar a mi padre” diciéndole hoy lo que él nunca quiso escuchar en vida.
Él, que a todos juzgaba y criticaba desde su pedacito de periódico, no era capaz de aceptar una negativa, una crítica o una corrección, respondía a ellas con lujo de violencia e inseguridad, aunque luego, al cabo de un tiempo, pedía perdón… hasta que volvía a pasar.
Estoy seguro de que me quería, yo a él también, si no fuera así, estas palabras no habrían tardado más de 15 años en ver la luz, pero eso es lo que me ha tomado adquirir la conciencia y el entendimiento de que, quien te quiere, lo puede hacer solo desde la conciencia y las herramientas que haya estado dispuesto a adquirir.
¿Saben lo que me cuesta más trabajo?
Saber que un hombre con los alcances intelectuales de Germán Dehesa, que, además tuvo la oportunidad de acercarse, si hubiera querido, a personas y especialistas que lo ayudaran a perdonar y a perdonarse, en lugar de cargar rencores ocultos pero evidentes toda su vida, a lo mejor seguiría vivo o, mínimo, no se hubiera ido así.
Yo sé que, si en él hubiera existido la voluntad de cambiar ese destino, por supuesto que lo habría logrado.
Yo sí tengo esa voluntad y la aplico cada día, por eso lo sé.
Es una labor gozosa, constante y necesaria y conste que no lo digo para que me aplaudan, ni para decir que yo soy mejor o más que mi papá, ni que nadie, pero sí creo que, así como busco hacerme responsable de mis errores y malas acciones, también es sano reconocer lo que hago para estar bien, por dentro y por fuera.
Una de esas acciones es poder sentarme esta madrugada frente a mi pantalla y frente a su fantasma para, por fin, pelearme con él, no porque no lo extrañe, ni porque no lo quiera, sino todo lo contrario
El perdón…de mí para mí ya va muy avanzado, de mí para él, nos faltan varias conversaciones, pero, por lo menos, ya tengo claro por qué y, sobre todo, para qué quiero perdonarlo.
Es un avance.
Anuncio parroquial.
Este viernes 4 de septiembre, a las 18:00, en el Foro ExpresArte de la Librería Gandhi “Mauricio Achar” (la de Miguel Ángel de Quevedo), habrá un club de lectura y homenaje a Germán Dehesa, con la presencia destacada de mi hermana Juana Inés, que hablará de las novedades de la colección “Biblioteca Germán Dehesa”, la cual ella edita y coordina y de cómo adquirirla en físico y en electrónico.
Yo también estaré ahí como edecán de lujo y con mucho gusto de platicar con quien quiera ir a saludarnos.
Ojalá lleguen, me dará mucho gusto conocerlos en persona.

