Me lo hago fácil

Ángel Dehesa Christlieb

Una de las lecciones que la vida me ha dado y que me repasa continuamente, es la de aprender a distinguir lo urgente de lo importante, porque, cuando se nos cuatrapean ambas cosas, la vida comienza a hacer corto circuito.

Lo urgente, sin duda, es estar a las vivas, ejercer nuestros derechos y cumplir con nuestros deberes como ciudadanos, para evitar que nuestros funcionarios se nos hagan como “órgano ocular de formicidae” a la hora de rendir cuentas, hacer justicia y dejar de gastarse nuestro dinero en echarse porras, reprimir a quien disiente y pelearse con cualquiera que, según ellos, los vea feo.

No digo que no sea importante, pero aquí, como decía aquel anuncio de “entre el zapato y el pantalón”, hay un detalle de distinción.

Importante es que les pongamos freno, importantes, de manera negativa, son las acciones que llevan a cabo estas personas para protegerse unos a otros, sin importarles el hecho de que, al hacerlo, nos lleven a todos entre las patas con tal de seguir en el poder.

Eso urge.

Urge, pero ellos, los políticos, los delincuentes y los políticos-delincuentes, como personas, me tienen tan sin cuidado como la urgencia de comprarme un peine nuevo.

Quienes me hayan visto en fotos entenderán perfectamente que, cualquier cosa que tenga que ver con el tema capilar, me es insignificante por carencia de materia prima.

Lo que para mí sí es importante son las personas que quiero y me quieren y, entre ellos, queridos lectores, están ustedes, los que, cada día, se toman el tiempo de leerme y/o comentar mis desvaríos editoriales.

Hoy hay una en especial, una querida amiga que, además tuvo la confianza de entrar conmigo a uno de mis talleres de escritura (todavía hay lugares para comenzar el 5 y el 7 de julio, pregunte sin compromiso al 55 2699 5827) y que hoy no la está pasando bien.

La llamaré “la golondrina de Jalisco” y ella sabe por qué.

Hemos estado en comunicación continua, no porque yo sea muy buena persona (ella sí lo es), sino porque, cuando uno comparte, verdaderamente, el vínculo de la docencia, en la cual el maestro siempre debe aprender más de lo que le enseña al alumno, a pesar de que la primera impresión sea al revés, uno desarrolla esa especial conexión que mi papá llamaba “la cuatitud”, la cual solo podemos entender los que hemos nacido en esta tierra, tan generosa en tantos aspectos y tan complicada en otros.

Mi querida golondrina, ayer que nos escribíamos me decías que, en el difícil trance que estás pasando, en el cual te acompañan tu marido y tu familia, la lectura de mis columnas te “aligera la vida”.

Vayan entonces estas urgentes letras para cumplir lo que, para mí, es hoy una de las tareas más importantes en mi existencia, porque así lo escojo y lo decido…

Ayudarte a que vuelvas a volar.

Gracias por recordarme, hoy y siempre, que lo importante siempre debe preceder a lo urgente.

Me urge que estés bien… me importas mucho.

Un abrazo a todos.

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