Jesús Michel Narváez
Parece la batalla de Waterloo. Aquella lucha en la que las fuerzas de Napoleón I sellaron el destino del que hasta antes del 18 de junio de 1815 era el ejército más poderoso del mundo.
Napoleón estiró la liga hasta romperla.
Se sabía invencible -sus conquistas lo sustentaban- y el mundo le parecía pequeño, quizá igual que su estatura- y en la mente del que fue el último emperador de Francia y terminó muriendo en soledad en la Isla Santa Elena, la conquista de todos los espacios terrenales era corregir los errores del mundo de aquella época… hasta que encontró a los guerreros de los ejércitos de la Séptima Coalición, que lo llevaron a morder el polvo y morir con él en su garganta.
La historia no debe olvidarse y entenderla nada fácil.
Sin embargo, hay quienes intentan arrojar más tierra en las tumbas de la historia y sepultar algunos capítulos de su longeva vida.
Una explicación tomada de soy-marketing, revela fuerza del contenido y desvela la verdad primigenia: La mayoría de nosotros hemos escuchado esta frase: “No estires la liga tanto que se rompa”. Y sin embargo no la aplicamos con el sentido correcto.
Dice: Es un principio de negociación entre dos partes, conocido en forma de dicho popular. Nos habla de que cuando quieres que algo se lleve a cabo con alguien más no puedes esperar que todas tus exigencias se realicen sin ceder nada y/o sin ninguna consecuencia.
Al no ceder nada lo que ocurrirá es que el acuerdo o posibilidad se romperá por completo. Al negociar y poner algo de tu parte, el resultado puede ser un término muy favorable o al menos conveniente; pero otro punto importante aquí, además del resultado de la negociación en sí, es la interacción entre las partes. ¿Vale la pena conservar la relación con una organización/persona que te trata con rudeza o a quien no le interesa tu bienestar.
El final es aterrador…
Porque las partes, en este caso, Gobierno y CNTE se aferraron a sus posturas y los dirigentes sindicales supusieron haber acorralado a la presidenta Sheinbaum y en lugar de buscar el acuerdo que beneficiara a sus representados, se ensoberbecieron y subieron el tono de las exigencias hasta que, una semana después, solamente 7 días de distancia, se dieron cuenta de que la liga se había reventado.
En lo personal, acuso recibo de todas las exigencias y entiendo que algunas de ellas son imposibles de cumplir. Comparto sus reclamos en cuanto a las miserias que reciben los maestros por concepto de jubilación. Aborrezco la irracionalidad de anteponer los problemas sindicales a los intereses nacionales, de fondo, que son en primera instancia la educación de los niños que ingresan a las primarias y corren hacia las secundarias.
¿Los de la CNTE perdieron la guerra?
No, definitivamente, no. Pero sí, y hay que entenderlos políticamente, tardarán buen tiempo en reacomodarse y contar con los francotiradores que acierten en el blanco a distancias inimaginables y dejen de generar el rechazo de la sociedad, que en principio apoya los movimientos e incluso se suma a ellos y terminan colocándose, no del lado del gobierno, sino de la racionalidad y resurge la nueva exigencia constitucional: libertad de expresión, de marcha siempre y cuando no se dañe a terceros.
En este espacio se lo escribí en cinco ocasiones: los maistros de la CNTE abusan de la violencia y suponen que doblarán al gobierno. Estuvieron a un tris de lograrlo. Se avorazaron y se creyeron los representantes de una sociedad irritada, no de un gremio afectado o no, con lo que esperaban que el apoyo social fuera mayoritario hasta obligar al gobierno a ceder a sus exigencias.
Los negociadores gubernamentales no ganaron. El gobierno no ganó. Los maestros perdieron.
Los afectados en realidad, fueron y son los alumnos.
Estirar la liga no solamente en este caso, termina por reventarse.
¿Alguien lo entenderá en Palacio Nacional?
(Las opiniones vertidas en esta columna son responsabilidad estricta del autor)

